sábado, 10 de abril de 2010

Quédate...


Quédate…

Y perdóname otra vez ese plato roto.
Esa palabra que se quedó colgando en el aire,
Y esa otra que no debí decirte nunca…
Sé que la peor excusa para retenerte es disculparme,
Pero quédate.


Quédate…

Porque todavía me tuerzo en mis dibujos.
Porque estas golondrinas han venido para quedarse,
Porque necesito que me hables mientras duermo…
Sé que la peor excusa para retenerte es el chantaje,
Pero quédate.


Quédate…

Deja que yo termine de llenar esa maleta.
Con sonrisas y un abrigo de felicidad que no acabase,
Con todos mis defectos corregidos, y una rosa…
Y la promesa que te hago ahora, al mirarte.
Sé que la mejor excusa para retenerte es no soltarte.



Quédate…
Para que nuestras estrellas no pierdan su camino.

sábado, 23 de enero de 2010

En las alturas


Perdóname los errores que aún no he cometido.
Desde las alturas todo se ve pequeño.
Y tú estás alta. Altísima.
Entre los arroyos de nieve, la pampa nubosa y los aeroplanos.
Tienes en tu mano el interruptor de las auroras y crepúsculos,
de las estrellas más perezosas y los cielos malvas,
de las limusinas de mis pestañas y de estos versos.
Niña de bello rostro…
No derrames más lágrimas en mi copa de vino.
Caen desde lo alto, desde arriba, desde arriba.
Y tú estás más allá de todo esto…
Tal vez necesites mi mano si te decides a bajar esta escalera.
Si no, me quedaré en los bancos de este parque.
Desde aquí, el cielo se contempla mejor.
La felicidad es cuestión de soltar las alas.
Te llevaré. Me llevarás.
Más allá de todo esto…
Hacia lo alto, hacia arriba, hacia arriba.

miércoles, 13 de enero de 2010

No me conoces


Perdona si te asusté. Si entré así de repente, descolocando tus mapas del mundo. Tus auroras. Tus botas rojas. No me conoces, es cierto, pero yo te reconozco. Sé que te gusta perderte entre el murmullo de los lugares vacíos y las calles sin farolas. Sé que prefieres gritar en minúsculas y despedirte con puntos suspensivos. Que te ríes de los momentos serios y llevas calcetines de colores. Que te atrae hablar con extraños. Y todas las noches te duermes con un pijama distinto. Sé que te sientes como la rama sin rumbo en la corriente. Te compensaré la impertinencia de haberte interrumpido. Pero no con perdices ni aviones a punto de despegar. Ni con cromatismos de otro siglo. Te compensaré queriéndote en ese enchufe con que enciendes la luz. También cuando no queden bombillas. En cada nota de tu risa. En cada frase de tu pelo. No me conoces, es cierto, no me conoces por ahora.

martes, 1 de diciembre de 2009

Frágil



Intentaré arreglarte.
Pieza a pieza, sorbo a sorbo.
Día a día, palabra por palabra.
El tiempo lo cura todo
Y créeme cuando te digo:
no se puede romper dos veces,
lo que ya está roto.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Palabras, palabras, palabras



Tú crees en las palabras.
En las casualidades. Los juegos. Las mariposas.
Y las montañas de nata.

Yo creo en el viento.
En los agüeros. Los despertares. Los pingüinos.
Y las paradas sin freno.

Tú me miras y preguntas el porqué
en esas cosas tontas creo.

Te lo digo, me sonrojo, tonta tú,
y a la vez me carcajeo:

Palabras, palabras, palabras…
Para decírtelo todo, pequeñas,
No me sirven de nada.

lunes, 19 de octubre de 2009

Anoche...


Anoche me despertaron los pingüinos de mi cama,
Soñando que nos desencontrábamos en un ascensor,
Que tú estabas alta, distante, indecisa…
Así te soñé yo.

Anoche las secas rosas del tiempo se escapaban,
Golpeando lágrimas de lluvia el cristal de la habitación,
Que tú no estabas cerca, lejana, perdida…
Así te sentí yo.

Anoche cuando todo se puso de acuerdo en que te amara,
Siendo la mente latidos y esos latidos corazón,
Que tú estabas fría, olvidada, dolida…
Así te perdí yo.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Auto-stop


No comprendía qué hacía allí. Tirada en aquella solitaria acera, con la bufanda de invierno hasta la nariz, y un bolso de viaje hecho andrajos a mi lado, como mi fiel compañero. Tenía demasiado miedo como para hacer auto-stop y demasiadas ganas de tumbarme eternamente y dedicarme a meditar constelaciones… Y ya sé que te he dicho mil veces que decirte adiós ahora sería lo más peligroso… pero lo que no te he dicho es que yo era de las que se tiraban por las montañas rusas con las manos levantadas. Y pienso que ya no estás, y es la primera vez que me importa que esté lloviendo... Creo que meditar no me sienta nada bien. No quiero pensar. Prefiero que las cosas sigan sin sentido. No entender nada. No saber nada. No planear nada. Y simplemente, ser una rama arrancada, tú el niño travieso que me lanza, y todo esto, el río que me lleva en corriente…

Han parado cuatro coches y yo sigo aquí sentada. Pero ya no me pregunto por qué. Prefiero coger el tren. Se está haciendo tarde, será mejor que me ponga en camino, me gusta más caminar de noche que de día.
Ah, y no te preocupes, que esta vez no me perderé.

Porque sé que coja la dirección que coja, todas las estaciones me llevan a ti.